Sin embargo, la agenda política está patas para arriba. La inflación es la madre y el eje del debate, la inseguridad brilla por su ausencia. La pregunta que debemos hacernos aquellos que creemos en la política como instrumento de transformación, es qué nos pasa cuando la gente da mensajes claros e irrefutables y nosotros miramos para otro lado.
A mi ingreso en el Congreso Nacional, cuatro años atrás, me propuse presentar y pelear por cada proyecto legislativo prometido durante la campaña en materia de seguridad. Lo hice, junto a muchas voces silenciosas del adentro parlamentario y del afuera de la sociedad civil.
Terminado mi mandato, hago un balance. Resultado: magro. Debo ser franca: dentro del Congreso no tuvo ni tiene eco el reclamo popular por la seguridad.
Es que aun ya muy lejos de aquellos años de plomo, en Argentina hablar de seguridad hoy es para muchos políticos atentar contra los derechos humanos, en particular de los victimarios, y para otros, hoy mayoría circunstancial, el tema es sólo un caballito de batalla, un mero slogan de campaña que olvidan al sentarse en sus bancas.
Ni una cosa ni la otra, luchar por la seguridad es reconocer que no la hay y proponer e instrumentar soluciones, que sí las hay.
Escuchamos de manera repetitiva y recurrente: “Pacto de la Moncloa”, acuerdos básicos, consensos posibles, pero en cuanto hurgamos un poco, vemos que en materia de seguridad, estas expresiones terminan siendo pura cháchara.
Sería oportuno, que en el año de conmemoración del bicentenario, nuestra dirigencia política despierte y comience a recorrer el sendero que ya hace rato están transitando otros líderes de la región como Lula en Brasil, Uribe en Colombia y Calderón en México que han abrazado a la causa de la seguridad como una de las razones de ser de su gestión.
Estos líderes no le temen al fracaso. Ponen lo mejor de sí mismos para enfrentar al crimen organizado que en el mundo global en que vivimos, constituye la principal amenaza al orden democrático.
Si aquí se sigue con en esta suerte de autismo sistemático que invade la política, el lema “que se vayan todos” volverá a ocupar el centro de la escena y, otra vez, con razón, el pueblo volverá a demostrarnos a los políticos que sabe de qué se trata.
Paola Spatola |